imaginemos un cuarto blanco, sin nada dentro ni fuera, simplemente cuatro paredes blancas y nosotros ahí dentro. Podría parecer una locura o mas bien el sitio de un loco pero ¿acaso no es donde nos gustaría ir esas veces que sentimos que la tristeza hunde nuestra alma hasta el fondo del abismo?
Es un sitio donde no hay nadie, ni que moleste, ni que anime. Ahí se detiene el tiempo y no hay mundo ni dimensión existente, solo nuestros pensamientos y nuestros sentimientos...
Ahí podremos estar toda la vida si lo deseamos nadie nos estorbaría, tampoco escucharíamos a nadie mas que a nuestra mente y corazón.
¿no estaría mal no?, pero seamos sinceros ese sitio no es mas que nuestra propia melancolía en los ratos de soledad y pensamientos.
Este cuarto es un sitio al que podemos acudir sin limites a pesar de que si lo habituamos mucho nos iremos apagando al igual que una llama quemando un tejado de escarcha...
Es por eso que llegar a este cuarto es también llegar a nuestro interior, que no significa que este vació, pero si hecho para nosotros.
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